Nosotros somos el Progreso

Como muchos otros dominicanos en el exilio yo no pierdo ocasión alguna para hablar a otros mucho y bien de mi país. Ocasionalmente aparece algún extranjero que comparte mi entusiasmo por la tierra de la bachata y el merengue, alguien que atesora todavía alguna vivencia arrebatada a aquella gente que es –casi- tan cálida como el sol que las viste y a la cual les unen gratos recuerdos bañados en arena, sonrisas, ron y sal.

Una cierta sensación de extrañeza me invade al pensar que de aquel paraíso tropical del cual tanto conversamos apenas queda algo todavía fuera del recuerdo, que nuestro país avanza a pasos agigantados hacia una realidad alternativa que no resulta del todo deseable en tanto caracterizada por un alza en los niveles de criminalidad, inequidad, narcotráfico y pobreza.

No es ya un invasor extranjero sino el egoísmo malsano, la indiferencia y la impunidad lo que amenaza ahora con destruir y esclavizar a nuestro pueblo. El país se nos muere en las manos mientras los que han hecho de la política un sucio negocio y malsano oficio se esmeran en engañarnos, los unos diciéndonos que estamos progresando, y los otros asegurando que –sólo cuando  ellos vuelvan al poder- vamos a progresar.

Nosotros somos el progreso, somos los afortunados vástagos de un país que fue mejor al que ahora tenemos y que eventualmente nos reclamarán aquellos que todavía no han nacido. Nos corresponde la obligación, el privilegio, de dejar una realidad mejor a quienes han de venir.

Este es nuestro país, y sus triunfos y derrotas, son también las nuestras. Ya va llegando el tiempo de que nuestra generación se confronte a sí misma y se pregunte

 ¿Qué vamos a hacer para salvar esta nación?

  República Dominicana somos todos._