República Dominicana en el siglo XXI: analfabetismo, corrupción y subdesarrollo

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El Grito, Edvard Munch

 

     El más reciente Informe sobre la Competitividad Mundial del World Economic Forum*, curiosamente ignorado por los principales medios de comunicación, desnuda de una buena vez la hipocresía de quienes pretenden vendernos el mito del progreso al tiempo en que nos sugiere cuales deben ser las auténticas prioridades de nuestra nación.

     Según este informe, a juzgar por su nivel de producción promedio por habitante -considerablemente inferior a la media para Latinoamérica y el Caribe- la República Dominicana se encuentra en un estado intermedio de desarrollo en el que su progreso social y económico comienza a depender cada vez más de la eficiencia productiva y de la liberalización de los mercados.

     Como era de esperarse, entre los principales obstáculos a vencer por nuestro país a fin de escapar del subdesarrollo material y espiritual que hoy le esclaviza destacan los aspectos institucionales, mercantiles y, muy especialmente, los educativos.

     De un total de 134 países, entre los que se incluyen varias naciones emergentes del continente asiático y africano, la República Dominicana cuenta con la peor calificación global en lo que concierne a la calidad de la educación primaria.

     La situación de la educación superior no es muy distinta: solamente tres países de los considerados en el estudio tienen un sistema con una calidad ligeramente inferior a la dominicana. Una notable excepción son las escuelas de negocios, la mayoría de ellas privadas, quienes colocan a la República Dominicana en la posición número cien.

     Los indicadores considerados en el estudio sugieren que las principales debilidades del sistema educativo dominicano son una baja matriculación y gasto público respecto a las características de su población, estimada en 9.1 millones para el año 2007.

     El segundo gran obstáculo y problema del país tiene que ver con el desarrollo de sus instituciones y el desempeño del sector público, indicador en el que la República Dominicana apenas supera a otros quince países. 

    Las pésimas calificaciones obtenidas, en términos del posicionamiento entre los 134 países estudiados, hablan por sí solas: 

     Desviación de los fondos públicos (127), Confianza del público en los políticos (121), Independencia del poder judicial (103), Favoritismo en las decisiones de los funcionarios públicos (132),  Desperdicio en el gasto público (131), Eficiencia del marco legal (120), Costos empresariales de la criminalidad y la violencia (116), Crimen organizado (103), Confiabilidad de los servicios policiales (129), Comportamiento ético de las empresas (119), Fortaleza de las auditorías y estándares de supervisión (103), Eficacia de los consejos de administración corporativa (116) y Protección de los intereses de los accionistas minoritarios (119).

     Al margen de la archiconocida deficiencia estructural de nuestro suministro energético (133), un último obstáculo a superar tiene que ver con la prevalencia del proteccionismo arancelario, los impuestos y la estructura cuasi monopólica de buena parte de los mercados. El resultado en todos estos casos es el mismo: la erosión sostenida del poder adquisitivo de los consumidores con la consecuente pauperización de las masas.

Así las cosas, ¿Es pa´ lante que vamos?  


The Global Competitiveness Report 2008-2009, el informe completo está disponible en inglés en la dirección web http://www.weforum.org/pdf/GCR08/GCR08.pdf. Los indicadores específicos para la República Dominicana aparecen en las págs. 150-151.