Guerras Santas o de la pugna entre católicos y evangélicos por la igualdad religiosa en la República Dominicana

La encarnizada y legítima lucha de las iglesias evangélicas protestantes por un trato mucho más equitativo respecto a la Iglesia Católica amenaza con convertirse en un serio obstáculo para el avance del Evangelio en la República Dominicana.

Al igual que ha sucedido en muchos otros países latinoamericanos, el cristianismo protestante ha experimentado un crecimiento verdaderamente impresionante en los últimos diez años en nuestro país. En el que fuera su último libro, el célebre economista y sacerdote jesuita José Luis Alemán observaba como para el año 2002 alrededor del 10% de la población dominicana se consideraba como evangélica o adventista[1]. Hoy en día, merced al buen testimonio de muchos fieles, a su presencia en los medios de comunicación y esmerada labor evangelística en los pueblos, bateyes y barrios marginados, casi dos de cada diez dominicanos son cristianos protestantes [2].

El reconocimiento de este hecho[3]  ha animado a reconocidos miembros y organizaciones de la comunidad evangélica local a reclamar a las autoridades la eliminación de los privilegios [4] que tiene la Iglesia Católica en tanto religión tradicionalmente mayoritaria en nuestro país por considerarlos injustos e incompatibles con los principios constitucionales de la igualdad y la libertad de cultos.

Lejos de ser inspirados por Dios o por una cuestionable creencia en las virtudes de la igualdad  entre todas las confesiones religiosas, incluidas las decididamente no cristianas, en su afán por debilitar a la institución religiosa que consideran su principal enemiga algunos líderes evangélicos se han dado a la poco meditada tarea de abogar por un nuevo Estado Dominicano Laico.

 Quienes así proceden parecen ignorar que el laicismo se aproxima a la igualdad entre las diferentes confesiones religiosas mediante su exclusión sistemática en las escuelas, hospitales y asuntos de Estado. El resultado a mediano plazo es no solo una ciudadanía ampliamente divorciada de lo religioso, sino también considerablemente ajena a los valores cívicos y morales que la religión enseña y defiende singularmente en toda sociedad [5].

Parece que dichos líderes ignoran asimismo que a esta forma de igualdad religiosa siguen invariablemente con mayor facilidad otras formas de igualdad indeseables para la comunidad cristiana en general. Los abortos discrecionales y el reconocimiento civil del matrimonio homosexual con la consecuente posibilidad de adoptar hijos e hijas legalmente son solo algunos ejemplos.

Definitivamente, no todo lo que brilla es oro y la bondad del fin no justifica la vileza de los medios empleados. El Estado aconfesionalmente católico que hoy tenemos es a todas luces preferible a la fórmula laica que algunos defienden, y un Estado verdaderamente multiconfesional es una alternativa a mi entender muy superior a ambas tanto en justicia como en bondad.

Ya es tiempo de que la comunidad evangélica dominicana comprenda que la Iglesia Católica no es su enemigo sino su aliada [6] en la lucha contra quien es el verdadero enemigo común de ambas instituciones: el Pecado.  Mientras católicos y evangélicos luchan entre sí, deshaciendo los unos la buena obra de los otros, el pecado avanza a pasos agigantados hacia la destrucción de nuestro pueblo, de  nuestros seres queridos y de todo lo que hoy amamos. 

Ya es tiempo de que los cristianos evangélicos reconozcamos que si por la gracia de Dios llevamos hoy mucho fruto en la República Dominicana ello se debe también en gran medida a la labor evangelística pionera de miles de héroes católicos a quienes una teología algo más imperfecta que la nuestra no les impidió abonar diligentemente el terreno que luego nosotros cosechamos.

Ya  es tiempo de que los cristianos evangélicos nos involucremos más activamente en la búsqueda de soluciones efectivas a los problemas espirituales y materiales que agobian nuestra sociedad. Debemos, como ciudadanos y creyentes, aunar esfuerzos con todos aquellos que desde dentro y fuera de nuestra  Fe pretenden un mejor país para todos.

Ya es tiempo de un Cambio._

 


[1] Alemán, José Luis. El pensar económico. Págs. 35-37.

[2] De los ocho restantes, seis son católicos y dos no profesan ninguna religión.

[3] Resulta cada vez más frecuente la inclusión de propuestas dirigidas a la comunidad evangélica en el discurso de los candidatos políticos. También ha sido notoria la gradual inclusión de canciones cristianas en el repertorio de varios artistas populares de distinta filiación religiosa como El Torito y Anthony Santos.

[4] Privilegios como el reconocimiento civil del matrimonio eclesiástico a través del Concordato entre el Gobierno Dominicano y la Santa Sede, la presencia del clero católico en los actos públicos, su mediación e intervención exclusiva en los conflictos de interés público han sido muy criticados por los líderes evangélicos.

[5] Incluso pensadores no creyentes como el ya fenecido Premio Nobel de Economía Friedrich von Hayek han destacado la importancia de la religión en este sentido. Según Hayek, la religión facilita a los individuos el rápido aprendisaje de ciertas pautas de conducta cuya utilidad social éstos son hasta cierto punto incapaces de entender. Véase La Fatal Arrogancia  capítulo IX. 

[6] En el pasado año 2007 quedó establecido un muy buen precedente cuando sendas parcelas de la Fe Cristiana aunaron con éxito sus esfuerzos en contra de la legalización del aborto en nuestro país.