Los diputados y la miseria electoral dominicana

Recientemente, algunos miembros del Partido de la Liberación Dominicana encabezados por los diputados Alejandro Montás y Walter Encarnación han demostrado una preocupación inusual en lo concerniente al reconocimiento y la financiación de los partidos minoritarios de nuestro sistema. En su opinión estos partidos hacen más mal que bien a nuestra democracia y su financiamiento supone un desperdicio de los fondos públicos. Resulta curioso que la austeridad de nuestros diputados no alcanzara para evitar que se incrementaran generosamente los salarios -con mucha discreción- en el pasado mes de marzo del año en curso.

Es cierto que el ánimo de lucro y el oportunismo electoral son con frecuencia las motivaciones principales detrás de la aparición de ciertas agrupaciones políticas pequeñas o emergentes. Pero semejante clase de motivación es común también a las más grandes y tradicionales que con frecuencia las amparan, contaminan y deforman en el mercado electoral. Sin embargo, tanto la existencia como las posibles fuentes de sostenimiento financiero de los partidos son de interés para el fortalecimiento de nuestra todavía imperfecta democracia.

El financiamiento modesto de las agrupaciones políticas es una inversión que refleja el interés de una sociedad en la optimización de su sistema democrático. En ausencia de la misma, en un país pobre y subdesarrollado como el nuestro, las agrupaciones políticas  en la lucha por la conquista del poder político quedan mucho más expuestas a la dependencia económica respecto a los intereses de las élites con excedentes de recursos, de los cazadores de privilegios y de toda clase de personas vinculadas de intención o de hecho al mundo de la corrupción y la ilegalidad.

Lo que es más importante todavía, dada la fragilidad de nuestras instituciones, en ausencia de una modesta financiación a las agrupaciones políticas los mercados electorales son más propensos todavía a fallar a favor de los candidatos y partidos que se encuentran ejerciendo el poder en algún momento dado, puesto que éstos siempre encuentran la manera de echar mano al tesoro público para financiar sus ambiciones de naturaleza privada. Estaríamos hablando de una competencia electoral más desigual que la que ya tenemos, la cual convendría reducir en vez de incrementar.

Ha sido en mi opinión la de nuestros diputados una actitud más propia de comensales que temen quedarse sin puesto en la cada vez más larga mesa nominal del ahora partido oficial, que la de bienintencionados defensores de los mejores intereses de la Patria.

Paréceme recordar al pensar en ellos aquellos episodios escolares en los que un muchacho grande se peleaba con otro más pequeño, recibiendo ocasionalmente una buena e inesperada paliza, siempre al coro de un improvisado público que gritaba con indignación: ¡Búscate uno de tu tamaño abusador!.

Si lo que quieren nuestros diputados es demostrar su valentía en la lucha por los mejores intereses de nuestra nación deberían comenzar por los que son de su tamaño; aquellos que engordan con las privatizaciones y préstamos multimillonarios como el de la Sun Land, los que lucran con la desnutrición de nuestros jóvenes escolares y los que trafican electoralmente con la pobreza de muchos al incluirles en nominillas vulgares. Esto así, antes de que aparezca algún bendito David que cual Goliat les derribe de la cúspide de su indecencia, de la cima de su insensatez._


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