Elecciones dominicanas 2008: Valoración de los resultados obtenidos y expectativas.

El resultado de las elecciones de este año revela importantes cambios tanto en la composición como en la psicología del voto del electorado dominicano. La polarización del electorado en torno a las dos fuerzas políticas mayoritarias, el desplome del Partido Reformista Social Cristiano y el escaso respaldo a las candidaturas emergentes son fenómenos que ameritan una mayor reflexión.

La polarización electoral o el bipartidismo no son infrecuentes en los sistemas democráticos plenamente consolidados. Conforme la democracia madura y las ideologías puras necesariamente declinan, el voto deviene en una cuestión más bien práctica, de la cual se dispone básicamente para promover o frenar un único objetivo. De ahí que naturalmente sean las entidades que se entiende cuentan con mayores posibilidades en uno u otro sentido las que tiendan a concentrar la votación.

Sucede además que la quiebra de la ideología permite organizaciones políticas más heterogéneas, con una diferenciación menos rígida, que son capaces por tanto de conciliar una mayor cantidad de intereses diversos y hasta contradictorios entre sí, lo que finalmente favorece la transformación de los partidos minoritarios en grupos de presión integrados dentro de las agrupaciones mayoritarias.

En nuestro país esta es una realidad parcialmente consolidada debido principalmente a tres causas. La primera, que el nuestro es un país pequeño y pobre, lo que reduce notablemente los costes de organizar y mantener una pequeña estructura partidaria. Segundo, la competencia entre las agrupaciones políticas más grandes permite a las agrupaciones minoritarias un importante poder de negociación que de otra manera no tendrían. Tercero, porque en nuestro país la Ley Electoral dispone la entrega de importantes recursos económicos a todos los partidos, lo que unido a los otros factores, lleva a los partidos pequeños a querer conservar su personería e independencia jurídica.

En el caso que nos ocupa el 94.31% de los votos válidos fueron emitidos a favor de las dos agrupaciones mayoritarias. Al margen de los amplios privilegios con los que suele contar el partido de gobierno, que en esta ocasión han sido muchos y variados, a ello ha contribuido adicionalmente la aversión de buena parte del electorado a una eventual segunda vuelta electoral, lo que les lleva a trasladar al presente la que habría sido su preferencia ulterior entre las agrupaciones mayoritarias.

Esto nos permite explicar parcialmente el bajo caudal de votos obtenidos por el resto de las organizaciones no alineadas con las dos principales del sistema. Quienes las siguen lo hacen por convicción o por beneficio. Los primeros suelen ser volátiles según aumenta su edad y nivel educativo, que favorecen tanto la abstención como el uso práctico del voto antes mencionado, en tanto que los segundos cual palomas suelen volar allí donde saben que han de encontrar el pan.

Particularmente notable y acaso también merecida ha sido la caída del Partido Reformista Social Cristiano quien ha obtenido menos del 5% de los votos, lo que le niega una cantidad ingente de recursos de cara a los próximos comicios justo cuando sus finanzas se encuentran exhaustas. Con la desaparición de su carismático líder en el año 2002, la dirigencia de esta importante agrupación política ha mantenido una conducta errática, luchando a solas cuando ha debido aliarse y aliándose con quien no debe; esto es, en un sentido contrario al que se inclinan la mayoría de sus votantes ahora en manos del Partido de la Liberación Dominicana.

Aun considerando el efecto de arrastre que supone la elección de un candidato popular para cualquier agrupación política minoritaria, el Partido de la Liberación Dominicana debe en gran medida su victoria a sus aliados, congregados en el llamado Bloque Progresista, quienes aportaron 8.89% de los votos válidos que resultaron ser bastante decisivos. Al final, puede que las alianzas hayan costado al PLD y al país menos de lo que les habría costado una segunda vuelta electoral.

Contra todo pronóstico, el Partido Revolucionario Dominicano ha logrado superar importantes dificultades para obtener el 40.48% de los votos, gracias también a la ayuda de sus pocos, aunque generosos, partidos aliados. De haber tenido otros cinco o seis como ellos no habría sido posible derrotarle en la primera vuelta electoral. El candidato del PRD ha logrado además, merced al desplome del PRSC, garantizar a su partido una mayor participación sobre los fondos a ser distribuidos por la Junta Central Electoral de cara a los próximos comicios.

Se inicia ahora un importante proceso de recomposición en las fuerzas políticas de la oposición que marcara profundamente el panorama político de los próximos cuatro años y en las que la simplificación será la norma. Algunas agrupaciones políticas de larga data como el Partido Revolucionario Independiente (PRI) así como otras de formación más reciente como el Partido Revolucionario Social Demócrata (PRSD) puede que finalmente sean reintegradas al PRD quien se apresta a su vez, a una lucha feroz frente a su único rival en las elecciones de medio término.

Se esperan asimismo cambios profundos en la dirección del Partido Reformista Social Cristiano, previa realización un gran congreso nacional, encaminado a la renovación de los liderazgos y a la reorganización de la estructura interna. Se da por un hecho su asistencia combinada con otra de las fuerzas mayoritarias del sistema a los comicios del año 2010 y 2012. Está por verse si finalmente su elección en uno y otro caso será la más adecuada.

El futuro de otras agrupaciones como el Movimiento Independencia Unidad y Cambio (MIUCA) y el Partido Alianza Popular (PAP) luce de momento más incierto a juzgar por su baja votación. De momento ninguna de ellas ha realizado ninguna declaración o sugerido el curso de acción a seguir.

Por lo que respecta al Partido de la Liberación Dominicana, éste deberá asimismo encontrar la manera de integrar en sus filas al amplio caudal de dirigentes que ha importado desde la oposición, sin que por ello resulte necesario que se realicen cambios importantes en la estructura interna del partido. Su principal preocupación ahora será enfrentar con éxito el deterioro de la economía nacional, aumentar la presión tributaria, modificar la constitución para revalidar la reelección presidencial y hacer frente a los ataques de la oposición conservando la popularidad necesaria para mantener el control del congreso y prolongar su estadía en el poder más allá del año 2012.

Llegados a este punto, conviene notar que es muy probable que ante la reciente derrota electoral los sectores más conservadores del Partido Revolucionario Dominicano se vuelvan de nuevo hacia el ex presidente Hipólito Mejía como el candidato idóneo para garantizar el regreso al poder de dicha organización política en el año 2012. Situación ésta que, sin duda, aceleraría aún más el proceso de polarización en el electorado dominicano en la que sería una lucha electoral de dimensiones épicas._


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