¿Eduardo Estrella o Guillermo Moreno?

Escépticos respecto a la diferenciación positiva de las alternativas mayoritarias de la oposición, disgustados con los evidentes desaciertos de la actual gestión, muchos votantes han acogido con entusiasmo las candidaturas emergentes de Eduardo Estrella y Guillermo Moreno. Ambos candidatos, aunque en principio vinculados a los partidos mayoritarios de nuestro sistema, han decidido romper con la tradición electoral y el deterioro político en la República Dominicana.

Ambos se presentan a las próximas elecciones con la esperanza de impulsar un proyecto electoral que les permita alcanzar la presidencia en cuatro u ocho años. Aunque similares en cuanto a su extracción y ambición política, cada uno de ellos encarna una visión distinta de los cambios que requiere nuestra pequeña gran nación. 

Rabiosamente inteligente, irreverente y audaz, Guillermo Moreno pretende agrupar a una nueva mayoría de votantes dispuestos a votar “positivamente”. El voto positivo es un voto a favor del cambio radical en la situación política dominicana, un compromiso democrático que niega la resignación y favorece la convicción crítica como base de la elección ciudadana.

Para el reconocido jurista con marcadas inclinaciones de izquierda, la acertada legislación y el cumplimiento de la ley son elementos cruciales para la reforma social en un Estado democrático. Muchas de sus atinadas propuestas, unidas a su prematuro martirio como funcionario público ante su esmero en el cumplimiento del deber, le han merecido el respaldo activo de numerosos ciudadanos, ciudadanas, artistas e intelectuales dentro y fuera del país.

El Dr. Guillermo Moreno es, sin duda, un buen prospecto a la presidencia de la República, aunque le vendría bien algo más de moderación si es que desea consolidar su posición como alternativa democrática a mediano plazo. Su hostilidad a los partidos tradicionales, su menosprecio por la formación cristiana elemental en las escuelas públicas y su afán por el cumplimiento incondicional de la justicia, le adelantan como un presidente altamente conflictivo, lo que limita seriamente su aceptación en los círculos empresariales, conservadores y cristianos dominantes en nuestro país.

En efecto, a fin de establecer el imperio y la reforma de la ley, el Dr. Moreno tendría que maniobrar con una habilidad hasta ahora desconocida para perseguir fieramente a los políticos corruptos y, a la vez, ganar el respaldo de sus agrupaciones políticas para que sus leyes vanguardistas sean aprobadas en el congreso. Otra opción sería gobernar solamente a base de decretos, lo que resultaría en un contrasentido democrático. Nada desdeñables serían tampoco los encontronazos con los conservadores, los empresarios y las iglesias ante varios de sus proyectos de reforma.

Afortunadamente, el liderazgo emergente del Dr. Moreno se encuentra todavía a tiempo de ir refinando sus propuestas, mejorar la estrategia electoral, enriquecer sus iniciativas en materia económica y fortalecer su estructura partidaria; factor éste último al que podemos atribuir en gran medida la diferencia en votos que obtendrá el Ing. Eduardo Estrella respecto al Dr. Moreno.

Mucho más ingenuo, conciliador, práctico y sencillo que su rival, el Ing. Eduardo Estrella se nos presenta como el principal portavoz de un cambio de carácter más conservador y moderado. Sin lugar a dudas, si bastaran las buenas intenciones, la honradez y la seriedad para acceder a la presidencia, el Ing. Estrella sería el principal entre todos los candidatos en los presentes comicios.

Sin embargo, se requiere más que dotes morales, buenas intenciones e iniciativas difusas para establecer un gobierno verdaderamente bueno, eficiente y eficaz. Contrario a lo que sucede con el Dr. Moreno, el principal problema del Ing. Estrella ha sido lograr parecer lo suficientemente distinto como para no resultar insípido y calar así con fuerza en las preferencias del electorado dominicano.

En este sentido y por segunda vez consecutiva su estrategia electoral ha sido inadecuada. La presencia del Ing. Estrella en los medios de comunicación, las movilizaciones sindicales y partidarias ha sido sustancialmente baja respecto al resto de los principales candidatos, lo que unido a su mensaje, rico en anécdotas y vivencias, pero a menudo carente de novedad y diferenciación positiva, contribuye a frenar su candidatura. Básicamente lo que el Ing. Estrella nos vende es su persona, lo cual es bueno e importante, pero no suficiente.  Puede que los “calladitos” sean muchos, pero es muy probable que de seguir así no necesariamente terminen siendo “más”.

No obstante, el Ing. Eduardo Estrella cuenta con importantes ventajas en su lucha por la soberanía democrática. La ausencia de una enemistad profunda, la proximidad consecuente con una ruptura solo parcial y no total, con los partidos tradicionales, la falta de hostilidad de la cual disfruta entre los núcleos conservadores, empresariales y eclesiásticos, permitirían a una eventual gestión suya conciliar una mayor variedad de intereses y lograr más fácilmente el consenso que todo gobierno necesita. La humildad también le viene muy bien, sobre todo si se rodea de funcionarios competentes. Solamente habría que temer que algunos mañosos se “aprovecharan de su nobleza”.

Al momento de elegir o no votar por una de estas candidaturas emergentes, así como al escoger entre ellas, conviene preguntarnos qué clase de cambio queremos. Si no queremos un cambio significativo, podemos elegir votar en principio por cualquiera de los partidos tradicionales, resignándonos así a seguir con más de lo mismo. Si lo que nos interesa es un cambio conservador y moderado, la candidatura del Ing. Eduardo Estrella puede resultar la más ideal para nosotros. En ese mismo orden, si lo que entendemos mejor para el país es un cambio radical y profundo, la candidatura del Dr. Guillermo Moreno sería sin duda la mejor opción.

Personalmente, yo optaría en principio por votar “positivamente” a favor del Ing. Eduardo Estrella, en una primera vuelta electoral, como la mejor candidatura de entre las emergentes, escogiendo en una eventual segunda vuelta electoral al Partido de la Liberación Dominicana como la alternativa menos mala y conveniente de entre las agrupaciones políticas mayoritarias. De esta manera, entiendo que ganamos todos por cuanto logramos fortalecer la diferenciación positiva en todos los partidos de nuestro  sistema y a la vez creamos condiciones favorables a la mejora en el desempeño de la actual gestión, dado su interés por prolongar su estancia en el poder más allá del año 2012.

Es sinceramente una lástima no poder contar todavía con un candidato que tenga lo mejor de las virtudes morales del Ing. Eduardo Estrella, la audacia inteligente del Dr. Moreno, la sabiduría política del Ing. Danilo Medina y la cuota de carisma que les falta a los tres._


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