De Danilo Medina o del arte de la disidencia política inteligente intrapartidaria

La ausencia de Danilo Medina ha sido una constante en la presente contienda electoral, luego de que dicho dirigente fuera incapaz de alcanzar la nominación presidencial por su partido para las ya próximas elecciones del mes de mayo.  Con todo, habla muy bien del liderazgo de Medina el hecho de que fuera capaz de obtener casi el 30% de los votos frente al candidato reeleccionista Leonel Fernández que bien se sabe que competía con ventaja.

Medina no fue el único en aspirar entonces a la nominación presidencial por el ahora partido oficial, también lo hizo José Tomás Pérez, quien, luego de luego de publicar numerosas encuestas de dudosa veracidad favorables a su candidatura, terminó vendiéndose a la causa reeleccionista, solo para terminar, contrario al que fuera su deseo, en una dependencia pública de poca importancia y de escaza proyección política. Ha sido ésta, sin duda, una hábil maniobra del equipo de Fernández y a la vez, un grave error de parte del ahora disminuido José Tomás Pérez.

Una vez finalizadas las elecciones primarias, Danilo Medina se ha adaptado muy bien a la situación permitiendo a sus partidarios respaldar la candidatura del presidente Fernández, evitando así una confrontación tan inútil como innecesaria, cuidando incluso de que éstos no fueran desplazados por los compañeros del partido que habían optado por respaldar la reelección.  Está por verse si ante un nuevo triunfo del PLD la militancia danilista no es objeto de alguna forma de discriminación.

De esta manera procedió Medina para asegurar el bienestar y premiar la lealtad de su gente, pero por lo que respecta a sí mismo, hábil estratega, decidió permanecer completamente al margen del proceso, haciendo de su ausencia, como bien señalan Robert Greene y Joost Elffers en su libro Las 48 leyes del poder, un instrumento capaz de aumentar el poder, el respeto y el honor.

En efecto, mediante su ausencia deliberada en las reuniones y actividades del partido, Medina ha logrado mantener una cierta diferenciación respecto al presidente Fernández, consecuente con su interés en optimizar su cuota de poder político, en adición a mantener cierto nivel de atención sobre su persona aún sin ser uno de los protagonistas del actual proceso.

Como han podido comprobar muchos dominicanos y dominicanas, la ausencia no es lo mismo que el divorcio y la distancia no equivale necesaria ni inmediatamente al olvido. Tampoco hace falta estar en un sitio para mantenerse razonablemente informado de todo lo que acontece allí. Algunas cosas suelen conseguirse mejor cuando se les procura por la vía indirecta.

En este contexto, cualquier agresión en contra de Medina no haría sino aumentar su popularidad, posicionamiento y liderazgo al convertirle en una especie de víctima de una maquinaria electoral perversa, como antaño sucedió con el propio Don Juan. El tiempo podría jugar a favor de Medina, permitiéndole aprovechar los errores e infortunios de su rival, lo que no necesariamente le garantiza el éxito, aunque si la dignidad, el respeto y la honra.

Desde la penumbra, donde la oscuridad del anonimato y la lucidez del ingenio se encuentran, aguardando el momento preciso para volver al escenario, sin necesidad de abrir los labios ni de litigar con nadie, Danilo Medina nos expresa con original nitidez su desacuerdo al tiempo en que afirma su propia identidad._


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