La Junta Central Electoral: Una nueva religión

Creer en la independencia institucional de nuestra Junta Central Electoral se ha convertido en una cuestión tan polémica como el creer o no en un dios pagano. Ante la acumulación sucesiva de acontecimientos que contradicen los que deberían ser sus objetivos, se hace cada vez más necesaria la revisión de  los credos que justifican su sacerdocio sobre nuestra voluntad democrática.

Especialmente notable ha sido la actitud pasiva con la que la Junta Central Electoral ha manejado las denuncias respecto a los abusos del partido oficial en la gestión de los recursos del Estado. Aún cuando sabe que la perversión electoral ha sido consumada, nuestro organismo electoral ni siquiera se plantea seriamente la posibilidad de sancionar al Partido de la Liberación Dominicana.

Antes bien, la Junta Central Electoral  ha optado por emitir resoluciones, que bien sabe son inútiles, en las que pide, casi como si fuera un favor, el cese de los abusos hasta ahora cometidos.  Con más astucia que decencia, la alta dirección del partido morado ha respondido con una serie de artificios jurídicos a fin de demorar el proceso lo suficiente como para continuar con sus malas prácticas hasta garantizar el objetivo electoral de este año. Al parecer, para muchos de ellos el triunfo y sobretodo el triunfo popular ha llegado a ser un fin en sí mismo.

Conviene asimismo preguntarse, aún si los actuales mercaderes de la liberación dominicana descontinuaran o disminuyeran considerablemente sus excesos, si acaso no sería también necesario restituir de algún modo a los partidos de la oposición por los daños y perjuicios electorales recibidos.

La docilidad misericordiosa del mencionado organismo respecto a los delitos cometidos por la actual gestión, contrasta con la extraordinaria dureza e injusticia con las que se ha desenvuelto en un caso que, como el del Partido Nacional de Veteranos y Civiles, es tan claro como relevante para la menos desafortunada definición del actual proceso electoral.

Violando incluso la propia normativa interna de la institución, varios jueces electorales han decidido, sobre premisas cuestionables que ya han sido desmentidas por el magistrado Olivares,  anular la participación del PNVC en los actuales comicios como aliado de la 4ta. Vía. Como era de esperarse, los dirigentes de dicha agrupación se han visto obligados a solicitar a la JCE la retención de los fondos para la campaña, lo que sin duda perjudica a todos los partidos de la oposición, los cuales, a diferencia del PLD no pueden echar mano fácilmente a las finanzas del gobierno.

De esta manera se ha legitimado la demora en la entrega de los fondos imprescindibles para cubrir hasta las necesidades más básicas de los partidos minoritarios y emergentes. Lo que unido al ya mencionado despliegue de recursos en la calle y en los medios de parte de la maquinaria reeleccionista contribuye a viciar considerablemente los resultados del proceso día tras día.

Los votos del PNVC, no sólo son cruciales para la cuarta vía en su objetivo inmediato de lograr siquiera el 5% de la simpatía del electorado, lo que según la ley electoral vigente le permitiría una mejor dotación de recursos económicos para los próximos comicios, sino que además pueden resultar decisivos para la definición de una posible segunda vuelta electoral en este mismo año. No en vano el resto de los candidatos de la oposición han salido en su defensa.

Pero más allá de su relevancia política y electoral inmediata, este caso plantea también un importante precedente en lo que concierne a la justicia democrática, equidad e igualdad de derechos.  Como bien señaló un editorial reciente del Diario Libre, grande o pequeño, el derecho debería ser el mismo para todos los partidos de nuestro sistema.

No todos los desaciertos de nuestro organismo electoral han sido tan notorios y evidentes. Cuando supe que estaría en Madrid para las actuales elecciones, llené el formulario correspondiente facilitado por dicho organismo en el aeropuerto a fin de ejercer en el extranjero mi derecho al voto. Misteriosamente, a pesar de que mi solicitud establece claramente la ciudad en la que estaría residiendo, he aparecido en el padrón electoral como votante en Barcelona, a cientos de kilómetros de distancia de mi actual ubicación. Hasta la fecha, he remitido tres notificaciones a la Junta Central Electoral, por los mecanismos digitales habilitados por ésta, para corregir el problema sin obtener respuesta alguna de su parte. Me pregunto si los formularios en línea no son más que una pantalla.

¿Cree usted en la seriedad, imparcialidad, funcionalidad y transparencia de la actual Junta Central Electoral? Grande es su fe. La mayoría de quienes ejercen el sacerdocio democrático que supone la dirección de este organismo parece haberse olvidado de una verdad muy antigua, aquella que más allá de la necesaria pureza de su oficio les recuerda que la verdadera religión no es solo saber sino también obrar._

 


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