!Maravillaos!

No te maravilles amigo mío de que os introduzca con frecuencia a la reflexión existencial que alguno entiende religiosa. Bien sabes ya que soy más filósofo moral que técnico economista. Esta semana he iniciado las clases de mi programa doctoral, por lo que pronto verás algún otro trabajo científico de mi autoría de esos que tanto nos gustan y que ya he publicado en este mismo año.

Antes bien maravíllate de que la humanidad pretenda curar su enfermedad únicamente mediante el tratamiento de los síntomas. Maravíllate de que aún sabiendo que la mayor instrucción no elimina en nosotros el deseo de lo malo, que la prosperidad material de por sí no logra hacernos más felices, que el alimento no llena de contenido la existencia ni las buenas leyes hacen más justo a quien respecto a ellas ha de regirse ni a quien sobre ellas juzga, la humanidad dedique tanto tiempo a estas cosas, descuidando lo que siendo anterior a ellas constituye su causa. Nos era necesario el hacer esto sin descuidar aquello. De esto a la verdad maravíllate, pues te digo que cualquiera que beba de estas copas volverá a tener sed, más aquel que beba del agua que solamente Jesús puede darle no volverá a tener sed jamás (Juan 4:13-14).

Procuremos entonces ocuparnos también de lo que realmente satisface y continuamente aprovecha. Ya dijo antes el Maestro lo que a toda luz nos ha parecido bien cierto: que de nada vale al Ser humano ganar el mundo si se pierde su alma, si a fin de cuentas sigue siendo infeliz. Aquel cuya palabra es fiel y verdadera nos ha dicho además que si la humanidad se ocupara de lo que es más importante, todas las otras cosas que requiere le serían añadidas (Mateo 6:25-34). Pero no le hemos creído, por lo que dice de nosotros la Escritura que procurando ser sabios nos hemos vuelto necios (Romanos 1:18-32).

¿Que grande es mi fe? Mayor es la fe de quienes depositan toda su confianza en la humanidad aun cuando la historia da testimonio de su incapacidad en lidiar por sí misma con sus verdaderos y más grandes enemigos; aquellos a los cuales no bastándoles con destruir lo que esta fuera destruyen también al Ser Humano desde dentro.

La civilización griega fue la cúspide de las artes y las ciencias en la antigüedad. Con todo, encontramos en ella el odio, la avaricia, la violencia y la búsqueda desmedida de placeres que destruyen el mundo hasta nuestros días. El derecho babilónico – la famosa Ley del Talión atribuida a Hamurabi- y posteriormente el derecho romano constituyeron grandes avances en su tiempo. Aún así, no fue erradicada la injusticia que aún hoy prevalece sobre el derecho. Asimismo, el reconocimiento de los derechos fundamentales del Ser Humano en 1789 y su supuesta universalización en 1948, aunque importantes, no han resultado ni resultarán de por si en una humanidad más humana. Se pregunta uno entonces hasta que punto hemos progresado.

Y es que no es lo mismo avance que progreso.

Avanzan gracias a la innovación las artes, el pensamiento y las ciencias pero la humanidad no progresa si no prospera asimismo en su lucha contra sus verdaderos enemigos, los que posándose en lo que esta fuera permanecen dentro. En tales casos, la humanidad aunque avance no progresa; cambian solamente los vestidos de su desgracia.

¿A quién o a qué pueden atribuirse los grandes males que enfrenta la humanidad en nuestro tiempo? ¿Dónde se idearon la injusticia, la mentira y la idea de propiedad particular? ¿Quién distribuye los recursos que resultan en la riqueza de unos y la miseria de muchos otros? ¿Quién inventó el odio, el divorcio, el aborto, la esclavitud, la explotación infantil, la guerra, el vicio y toda clase de homicidios? ¿Quién nos enseñó el deseo de lo malo y la codicia de lo ajeno? ¿De quién aprendimos la perversión en la que iniciamos indistintamente a animales y niños? ¿Cómo fue que el sexo dejo de ser una expresión de amor para convertirse en una transitoria forma de entretenimiento o en una mercancía? ¿De quién aprendimos a reemplazar el servicio por la servidumbre? ¿Cómo fue que llegamos a pensar que cada quien se debe solamente a sí mismo?¿ No es también salvaje el capitalismo que se practica desde nuestros hogares donde esclavos asalariados trabajan para apenas ganar su sustento en tanto nadie cuida de sus parejas e hijos cinco días y medio de cada semana ? ¿Acaso el derecho lo es solamente de los más favorecidos? ¿ Por qué le son negadas entonces las prestaciones laborales a quienes se dedican al servicio doméstico?.

La humanidad misma ha sido pues la autora de su propia desgracia y el mundo que hoy conocemos, con sus defectos y virtudes, no es sino un reflejo de lo que ella de alguna u otra forma ha escogido. Nadie es culpable de todo, aunque todos somos culpables. La maldad manifiesta en cada uno de nosotros, por muy pequeña que sea o nos parezca, se añade al mal del mundo, a aquel gran todo del cual somos parte. A propósito de esto insiste la Escritura en decir que por cuanto todos hemos pecado contra Dios ( también contra la humanidad misma ) hemos sido de destituidos de su gloria, enajenados de la que realmente es su voluntad para con cada uno de nosotros, que ha sido siempre voluntad de bien (Jeremías 29:11-13). Hay quien cuestiona o maldice la existencia de Dios ante las diversas manifestaciones de maldad en el planeta, más yo persisto en preguntarme ¿no hemos sido nosotros mismos los promotores de nuestro adverso destino? ¿No está detrás de la mano del que mata a nuestro ser querido la de aquel que pretende adueñarse hasta del aliento ajeno?.

Necio entre los necios es aquel que dice que la bondad o maldad de una cosa es un asunto totalmente relativo. El escepticismo relativista, aunque hasta cierto punto saludable como disciplina intelectual de quien se lanza en la búsqueda de lo verdadero, deviene en harapo de inmundicia y calzado de obstinación cuando se convierte en normativa de lo moral. Detrás de este escudo hueco pretende el necio esconder con cobardía su oscuro deseo (¡Si cuando menos reconociera con valentía abierta su obstinada preferencia por lo perverso!). Aprende con rapidez el que aún mama al quemarse que el tocar lo caliente es malo, más al adulto en su necedad no le basta la destrucción suya ni la de los que le quieren para entender su desvío. ¡El dolor, el sufrimiento, las lágrimas, el remordimiento, la sangre, la Escritura y el Espíritu dan testimonio de lo malo, aunque lo malo a menudo aparezca en la vía hacia lo bueno! (Marcos 15:21-41).

¿Andaremos siempre así, sin entendimiento? Frente a tales males, los que moran dentro, no digo ya yo sino el Señor que separados de él nada podemos hacer (Juan 15:5b). Insiste en invitarnos a su encuentro diciendo “Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga” (Mateo 11: 25-30).

De la vida y el testimonio de este hombre me es necesario (Mateo 28:19-20) y útil (2 Timoteo 3:16-17) hablar al mundo pues tengo por cierto que así como la lluvia desciende del cielo y fertiliza la tierra antes de volver a las nubes, la Palabra de Dios no vuelve a él vacía sino que es prosperada en todo aquello para lo cual es enviada (Isaías 55:11). Por su causa he visto salir vida de quien estaba muerto, alegría en medio de tristeza, prosperidad en medio de pobreza, fuerzas de debilidad, virtud del vicio, santidad de lo corrupto, sabiduría de la necedad, amor frente al desprecio y una felicidad que permanece.

No me pidas pues amigo que desista en hablar de estas cosas, ni menosprecies mi reflexión calificándole de exageradamente religiosa, pues yo a la verdad no predico religiones – métodos imperfectos que proceden de la aproximación intelectual del hombre a lo divino cuando no del interés particular- sino solamente a Jesucristo vivo y nuestra creciente necesidad de establecer una relación auténtica, personal y permanente con él mediante el conocimiento de su palabra y su aplicación eficaz en nuestras vidas. Todas las otras cosas a las cuales dedicamos tiempo, provechosas o no, no añaden a nosotros vida ni eternidad. Más éste dice de sí mismo lo que ningún otro líder espiritual o político ha declarado de sí o de nosotros:

“ Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino es por mí (Juan 14:6). Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque este muerto, vivirá (Juan 11:25). Mirad, guardaos de toda avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de bienes que posee (Lucas 12:15) Por tanto os digo: No os angustiéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. La vida es más que la comida, y el cuerpo más que el vestido. Considerad los cuervos, que ni siembran ni siegan; que ni tienen despensa ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves? ¿Y quién de vosotros podrá, con angustiarse, añadir a su estatura un codo? Pues si no podéis ni aun lo que es menos, ¿por qué os angustiáis por lo demás? Considerad los lirios, cómo crecen: no trabajan ni hilan, pero os digo que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud, porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo, pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de ellas. Buscad, más bien, el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas. (Lucas 12: 22-31) Todo el que quiera salvar su vida la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mi, éste la salvará, pues ¿qué aprovecha al hombre si gana todo el mundo y se destruye o se pierde a sí mismo? ” (Lucas 9: 25).

Por tanto no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para la salvación de todo aquel que en él cree (Romanos 1:16). ¡Maravillaos conmigo! En él encontrarán los sabios todo bien y no será jamás defraudada su esperanza, pues no puede fallar ni contradecirse aquel en quien esperan.


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