Manifiesto de la NG-2F7.

Dios es la plenitud de todo lo humano. Es él quien prospera los caminos y magnifica los esfuerzos de quienes se encuentran a sí mismos en la entrega a los demás. Su intervención y consejo resultan indispensables a la realización del Ser Humano. Sin visión espiritual la gente perece.

La patria es la residencia del corazón, colectividad que forma parte de uno mismo, nación que se lleva en lo interior. Representa la disposición del individuo a ir más allá de sí mismo, a interesarse por la suerte de sus semejantes con quienes comparte la dimensión de su existir. Es una palabra hueca y sin significado en tanto la idolatría por lo extranjero o la propia noción de importancia lleven a las personas a despreciar su cultura y a tenerse por superiores respecto a los demás.

El desarrollo es libertad. La libertad no es sino una apreciación de las opciones de las cuales disponen los individuos en la definición de su persona. Dichas opciones se ven naturalmente constreñidas por la falta de una adecuada alimentación, educación, asistencia médica y sanitaria e insuficiencia económica. En tanto no se incrementa la libertad de la cual disponen los individuos, no existe un auténtico desarrollo.

Las ideas y los partidos políticos son sólo instrumentos, inútiles en tanto ajenos a nuestro bienestar. Son las personas quienes dan vida a dichos instrumentos perfeccionando la realidad sobre la cual tiene lugar la dimensión de su existir. Sin embargo, el bienestar nacional y los mecanismos democráticos no deben descansar ni depender jamás de un reducido número de personas. La democracia es un bien colectivo, no una propiedad particular.

La educación es el fundamento sobre el cual han de edificarse el porvenir y el bienestar de la sociedad dominicana. La misma reduce la pobreza material y espiritual de los pueblos, encaminándoles hacia mejores niveles de vida en los que la moralidad y la ética adquieren un auténtico significado.

La familia es la extensión inmediata del individuo y el fundamento de la sociedad. La creciente desintegración familiar, el descuido y maltrato de los hijos se cuentan entre las principales causas de la deformación social dominicana. Vivir en pareja, amarse mutuamente, es algo más que besarse y realizar un proyecto de vida conjunto, es educarse recíprocamente en el arte del respeto y la responsabilidad.

Con la voluntad se inicia la lucha de las personas para transformar una realidad de la cual son parte. La voluntad se traduce en una actitud, en cierta disposición para realizar algunas cosas. La voluntad es el principio, pero por si misma resulta insuficiente, hace falta encausarle hacia algún objetivo relevante al bienestar general de la nación. El supremo arte de la legislación y la ciencia política consiste entonces en orientar las ambiciones particulares de los individuos hacia objetivos socialmente convenientes de tal manera que éstos tiendan naturalmente a hacer aquello que es bueno para ellos y para el Estado. Sin duda alguna, este es un arte para cuyo correcto cumplimiento ninguna sabiduría o conocimiento humano podrá jamás ser suficiente.

En la voluntad general del pueblo reside la soberanía y su expresión más fiel, si bien imperfecta, se encuentra en los mecanismos democráticos. Tanto más participativa, la democracia representa mejor el interés colectivo y la voluntad de los particulares.

En tanto hacer lo bueno sea símbolo de pérdida y sacrificio los seres humanos difícilmente podrán resistir la maldad. Si bien es cierto que la instrucción puede sugerirnos lo bueno de una cosa, es la experiencia quien nos ratifica su validez e importancia, pues la necesidad es soberana sobre nuestra inteligencia. Hace falta lograr que hacer lo bueno resulte realmente conveniente a fin de elevar la moralidad de la nación y conferirle a la ética un auténtico significado. Esto resulta de una adecuada educación, la acertada legislación y la eliminación progresiva de la impunidad.

El nuestro es un país en el que aún gobiernan las personas y no las instituciones sociales, reina así el interés particular sobre el bienestar colectivo. La nuestra es además una sociedad con una preferencia desmedida hacia lo extranjero y una clara orientación hacia lo superficial, al desarrollo de formas esmeradas pero carentes de contenido: Sociedades sin propósito, vidas sin sentido, liderazgo sin servicio, sexo sin amor. La búsqueda de lo esencial, la redefinición de contenidos, el desarrollo institucional y el espíritu nacionalista son valores indispensables para la renovación social dominicana.

El liderazgo es circunstancia que se expresa en el servicio a los demás. Consiste en la facultad temporal que adquieren los individuos de ser fuente de inspiración y movimiento para otros conforme a una finalidad determinada. El si somos o no líderes es algo que no nos corresponde responder, pues lo que nos hace líderes no es nuestra opinión sino la gente que decide seguirnos. La esencia del liderazgo no reside en las personas, sino en sus ideales. Los líderes no valen en sí por quienes son sino por lo que ven.

Lo que hacemos es la medida de lo que somos en una sociedad. La grandeza de las personas no se estima en la riqueza, la erudición o el protagonismo. La grandeza de las personas se mide en el servicio, en lo que hacen a partir de sus limitados recursos a favor de los demás. Existen asimismo personas que no pudiendo valerse por si mismas nos regalan cada día la oportunidad de servirles expresando a través de ellas nuestro amor a Dios y a la humanidad.

La perfección no es asunto de humanos. Se trata más de una cuestión de intención que de hecho, por lo que ésta se expresa en nuestra realidad cotidiana mediante la superación continua de un resultado anterior, no como la imposibilidad de mejora.

Las personas se equivocan y con frecuencia no son rectos sus caminos; sin embargo, su bondad no ha de medirse por la multitud de sus faltas sino más bien por la magnitud de sus aciertos. Nuestra historia da testimonio de muchos personajes quienes luego de cometer no pocas faltas realizaron grandes hazañas a favor de nuestro pueblo. La bondad de una causa a menudo es asunto de bandos, y el heroísmo cuestión de perspectiva. La indisposición para reconocer y superar nuestras limitaciones constituye la auténtica derrota.

El deber esta sobre el querer como el cielo sobre el mar. Los seres humanos no estamos llamados a ser hijos del destino, sino más bien esclavos de la voluntad. Ser responsable es dar cuenta a Dios, el prójimo y uno mismo del ejercicio soberano de nuestra voluntad.

El no obrar conforme a lo conocido evidencia ignorancia, el no obrar conforme a lo que se ha creído deviene en cobardía. Infeliz destino aguarda a aquellos que procurando los bienes materiales menosprecian lo esencial.

La Fe es el reposo de la razón. Allí donde la razón reposa se tiene una creencia que proyectada hacia el futuro deviene en esperanza. Tenemos fe en que con la ayuda de Dios y la voluntad de nuestro pueblo la República Dominicana puede salir del subdesarrollo material y espiritual que hoy le esclaviza, reduciendo asimismo la desigualdad en su dimensión social y económica. Esta es nuestra esperanza.

La verdad es una búsqueda. Nuestra comprensión resulta ser siempre limitada, y si limitada también parcial y en tanto parcial, incompleta. Solamente no es dado obtener una aproximación hacia la veracidad de las cosas más allá de aquellas que son objeto de la convención o el acuerdo. El reconocimiento de este hecho nos permite desarrollar una disciplina intelectual caracterizada por el pensamiento crítico, la tolerancia y el respeto a la opinión particular de cada persona. En tanto búsqueda, la verdad supone más un estilo de vida que una definición del valor del conocimiento.

En un principio el ser humano responde únicamente al egoísmo, más en la búsqueda desmedida por sí mismo el ser humano se encuentra a sí mismo en los demás. Descubre entonces que sus decisiones afectan profundamente a otros, así como las de otros le afectan a él; que más allá de la apariencia la unidad permanece y que nadie es sol sino estrella dentro de un universo más complejo y hermoso que es la sociedad.

Ser joven es poder ser. La juventud, más que un estado cronológico de la mente es una condición del espíritu que se caracteriza por la posibilidad y el deseo de mejores cosas. Toda posibilidad implica una elección. Elegimos ser y de hecho somos parte de la reconstrucción positiva de la sociedad dominicana. Ser joven es poder ser y no hay mejor manera de ser que ser en los demás. El amor es ser en los demás.

El amor puede ser el más perfecto vínculo entre los seres humanos. El amor es un sentimiento que enlaza el egoísmo particular de aquel que ama con aquello que ama de tal manera que lo amado pasa a ser parte de sí y el ser humano acaba por considerar a los demás como a sí mismo. Al procurar el bienestar de aquello que amamos no hacemos sino procurar nuestro propio bienestar, pues en virtud de este vínculo que nos une, ello es parte de nosotros. Es así como a través del amor se extiende el universo particular de la existencia y se encuentra a los demás en uno mismo. Sin embargo, el amor de las personas debe ser provisto de una mayor dirección y sentido a fin de que éste no se desvíe de la vía de la bondad. Es también necesario el amor a Dios, que no es otra cosa que el guardar sus mandamientos, los cuales añaden sabiduría a los esfuerzos humanos. Amar a Dios es amarse a sí mismo y quien no se ama a sí mismo difícilmente podrá amar debidamente a los demás. Con gran propiedad, el Maestro nos mando a amar primeramente a Dios sobre todas las cosas y luego al prójimo como a nosotros mismos. Amar es una vía hacia la plenitud que reconocemos en la forma de felicidad.

El amor no se defiende. Se defienden los hijos, la patria, la propiedad particular y el interés colectivo, más el amor se defiende a sí mismo con una fuerza muy superior a la conocida por los prisioneros de la inseguridad. Las cadenas solo sirven para sujetar aquello que por voluntad no es nuestro y si en verdad no es nuestro ¿ para qué nos sirve?. Poderoso y diligente es aquel en quien confiamos para cuidar lo que nos pertenece y alejar de nosotros el peligro.

La soberbia asciende con rapidez en los corazones de quienes creyendo haber encontrado la verdad se permiten menospreciar la verdad de otros. Semejante clase de postura resulta en la desconsideración de nuestros semejantes, la exageración de la propia importancia, el rechazo al pensamiento crítico, el reinado de los juicios, la proliferación de divisiones y la inexistencia del amor.

Con humildad la persona se introduce a la sabiduría y con prudencia esta se afirma en su corazón. La humildad consiste en considerar a otros como mayores a uno mismo, la prudencia en distinguir el momento propicio para cada cosa. Sabio es aquel que descubre la forma de ser realmente feliz.

La amistad es un compromiso ineludible con la realización particular del Ser Humano. A través de ella accedemos a un conocimiento mucho más acabado sobre nosotros mismos y enriquecemos nuestra propia individualidad.

El sufrimiento y la dificultad a menudo están presentes en la vía hacia mejores cosas. Cual madre que esta próxima a dar a luz, la sociedad se estremece cuando en su interior se mueve la fuerza de lo vivo, más luego se regocija al apreciar el resultado de su esfuerzo y el fruto de su larga espera.

La necesidad mueve a las personas, su interpretación les confiere dirección. En algún lugar del mundo la humanidad tomo conciencia de su existencia, descubriéndose a sí misma como una entidad incompleta e irrealizada. La vida y el amor se expresaron entonces, como hoy día, primeramente a través del vacío. La necesidad es la noción del vacío, que si bien es siempre una presenta una expresión múltiple, como también múltiples son los recursos a favor de su disminución reconocida como satisfacción; la satisfacción es la disminución parcial del vacío. La significación particular de cada necesidad, su diferente interpretación e interrelación, la consecuente búsqueda de satisfacción constituyen nuestra aproximación primaria a la explicación de las diferencias conductuales que existen entre los individuos. Ajena a cualquier absoluto, la humanidad permanece siempre insatisfecha. Solamente la muerte permite a las personas el acceso a la satisfacción absoluta, a la plenitud de la nada.

La salvación y la perdición de la humanidad se originan aquí en la tierra, si bien por la fe creemos que éstas tienen matiz de eternidad. Ni aún Dios salva a las personas indispuestas, menos aún les exonera completamente de los problemas y dificultades requeridos para su desarrollo personal.

La felicidad, ideal inasible hacia el cual se orienta el universo de los esfuerzos humanos, es una conquista personal y no una obligación colectiva. El Estado no salva a nadie. Su existencia pretende facilitar a las personas la búsqueda de su felicidad personal y la realización colectiva, no responder exclusivamente a los intereses y conveniencias de los particulares.

Toda iniciativa de solución seria a la pobreza en la que cual se agota la existencia de miles de dominicanos debe considerar la misma no sólo como la carencia de medios sino también como una falta de oportunidad. Desde hace ya mucho tiempo la tradición sociopolítica dominicana ha definido la pobreza como un problema de medios; a saber, como la ausencia de recursos económicos que restringe seriamente la calidad de vida de los seres humanos. Concebida la pobreza de este modo, se sigue que la provisión de medios es su más eficiente, cuando no única solución inmediata. Surge entonces la noción de un Estado paternalista y mesiánico con figuras cuyo liderazgo se basa en la dependencia que desarrollan las personas respecto a quien se supone que ha de “salvarlos”; la bondad de un candidato deviene entonces en expectativa de beneficios y el voto se reduce a una transacción que legitima los mercados democráticos.

La pobreza no resulta solamente de la ausencia de medios, sino también de la falta de oportunidad. Pobre no es solamente aquel que no tiene, también es pobre aquel que no puede elegir y no pudiendo elegir no puede hacer sino resignarse a una vida que no prefiere, a un futuro que no deseó. Una esmerada educación, una alimentación suficiente, una asistencia médica adecuada, la mejora en las comunicaciones, la economía en los medios de transporte y las garantías de un Estado de Derecho son sólo algunas de las formas en las que pueden encausarse los esfuerzos que la auténtica lucha contra la pobreza requiere y que nuestro pueblo demanda.

Existe un impuesto oculto sobre la pobreza que se expresa en la forma de reducciones en el salario real y desempleo que resulta de la voracidad impositiva del sector público en perjuicio de los sectores más productivos y el empresariado. La elevada presión tributaria desprovista de compensaciones sociales significativas desincentiva el comportamiento productivo legítimo, ahoga la iniciativa empresarial y frena el crecimiento económico.

La tradición sociopolítica dominicana ha contribuido a deformar la sociedad mediante sus iniciativas de lucha contra la pobreza. Estas iniciativas en tanto mecanismos de transmisión de dádivas que coinciden con la evasión implícitamente permitida al pago de los servicios y tributos públicos, ha resultado en una ciudadanía que se tiene por acreedora y no miembro contribuyente de la riqueza social. Se cree que solamente los económicamente más favorecidos pueden y deben contribuir a financiar el proyecto de nación. Corresponde entonces al impuesto oculto sobre la pobreza encausar el equilibrio.

Las desigualdades han existido y existirán siempre, resultando ser éstas consecuencia de la naturaleza cuando no resultado de la sociedad. La justicia social consiste en su acertada limitación y manejo conforme al bienestar general.

Asiste al ser humano la facultad de distinguir entre las cosas. Toda distinción es una definición que resulta en un concepto, que en tanto relacionado con otros es provisto de un significado. El universo de conceptos y significados con los cuales el ser humano pretende abordar la realidad determinan su lenguaje y al ser éste compartido por otros se convierte a su vez en un idioma. Sin embargo, la significación particular de cada palabra, de cada concepto es tan propia de la experiencia particular de cada persona, que si bien la expresión de su pensamiento es estática, su interpretación será siempre dinámica. Consecuentemente, un mismo mensaje puede tener interpretaciones diversas a través de los tiempos y según sean las circunstancias. En efecto, hay quienes hablan una misma cosa y no dicen lo mismo, quienes con palabras hermosas cubren la escasez de contenidos.

El futuro no pertenece a quienes abandonan. Solamente la continuidad de los esfuerzos puede dar permanencia a las conquistas obtenidas a favor de nuestra sociedad. La sociedad somos nosotros. Asiste a las generaciones presentes la obligación, el privilegio, de contribuir a dejar una realidad mejor a aquellas que han de venir. Este es nuestro compromiso._


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